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Poesía juveniel (1995-2011)/ Pablo Seguí [+]

ISBN-978-987-8952-45-1

 

Por Alberto Cisnero

 

Los poemas reunidos en el presente volumen componen la obra juvenil de Pablo Seguí. Fueron publicados en la ciudad natal del autor, en editoriales que ya no son con nosotros y en otras que no han creído conveniente reeditar los versos que hoy nos ocupan (para eso también existe la democracia, el libre albedrío y el yerro). Sin otorgar mayor atención a estos pormenores de tinta y goma arábiga, a la fecha, los títulos no estaban disponibles en el usual formato tangible o en alguna versión digital; en algunos casos reviste casi un beneficio para el eventual lector (e incluso para el autor y el editor, cuando no aspiran a la pública autodestrucción); no es el caso.

“Suite del silencio —detalle para Marioni—“, “Los nombres de la amada”, “Ramillete”, “Claves y armaduras” y “Naturaleza muerta” son parte de la literatura argentina que no claudicó a los cantos de sirena de las modas y las secuelas literarias y sus domas (las ideas no se matan, mueren solas). Y mucho más se escribiría (y escribirá)  todavía. Aunque constataran (y constaten) el sentido del agua, notarios, burócratas y contables; aunque leamos en suplementos literarios, en revistas especializadas: “más allá de esta hipótesis”, “sin duda alude al”, “conviene precisar” y “la falta de signos de puntuación atañe a trance y congoja”. Es la manera de indicar: admitidos en el salón, en el club rotario, en cultura (listas de luz asidas por la mano de un ciego).

¿Quién contará los versos que puedan compensar la pena de los hombres? “Poesía juvenil (1995-2011)” responde la pregunta y la amplifica. En Córdoba, la de las capillas y el cóctel italiano, en “La Babía, en el centenario barrio separatista de “San Vicente”, hay quien se abocó (y aboca) cada día a dos precarias condiciones de producción: encontrar la música y encontrar el silencio. Tolle, lege.

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Remy LaCroix y otros poemas

ISBN-978-987-8952-17-8

 

Por Santiago Sylvester

 

      Comienzo con una obviedad: para escribir poesía es necesario tener algo que decir. No hay limitaciones en el tema: la poesía se alimenta de todo.

      Pero hay otra obviedad, que es en realidad de lo que quiero hablar: si un poema no consigue su forma justa, la intransferible, es muy probable que se frustre. Una fórmula aproximada, pero bastante exacta, sería para mí “un poema es su forma”.

      Una cuestión siempre candente es cómo lograr la renovación de la forma o, al revés, cómo evitar su agotamiento: que lo dicho por el poema no pierda vitalidad ni caiga en lo remanido.

      El trabajo de Seguí con el heptasílabo (lo más frecuente de su tarea) es evidente y, desde luego, intencional. Tiene el propósito de conseguir que ese verso haga un nuevo enunciado, que hable con otra voz, con otro énfasis. No sólo está el recurso de sucesivos encabalgamientos, de cierto prosaísmo, sino de un tono, de alteraciones conversacionales que permiten evitar el “rengloneo” (me disculpo por este neologismo) y mostrar lo que estaba ahí, esperando su formulación. Incluye un “saber hacer” tradicional, combinado con renovación, para una tarea antigua que el poeta pone en movimiento. Pablo Seguí es respetuoso de la forma, aunque tal vez no sea “respeto” la palabra más adecuada, porque se requiere una cierta irrespetuosidad saludable para descubrir lo que estaba oculto en la entretela. El trabajo de la forma para que lo dicho sea otra cosa, distinta de la habitual.

 
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La internación

ISBN-978-987-4044-94-5

 

Por Alberto Cisnero

Carlyle observó que la historia universal es un infinito libro sagrado que todos los hombres escriben y leen y tratan de entender, y en el que también los escriben. Un poeta, dado a contar las sílabas con los dedos, traduce y glosa todo cuanto aflora o descubre entre el alba y la noche, a veces posible, a veces tierra baldía (Sin dónde/ ni cuándo, allí estarás”). No incurre para ello en trampas aparatosas como la confidencia, es más sagaz. En esta ocasión, por ejemplo, se encuentra dentro del libro y el desocupado lector podrá leerle la mente: se imagina a sí mismo en otro de sus hogares de día. En “La internación” de Pablo Seguí, una palabra es la mejor equivocación de una palabra; una vez leídas, tal vez olvidadas, iguales entre sí, sobre todo en la distancia, en uno de los lugares más perdidos del planeta (los pliegos de un volumen),sin pretender hacer del ambiente un lugar mejor ni de llegar a ninguna parte, sin distinguir quién recuerda y quién habla, de quién el recuerdo o el sueño o la palabra fin de la última hoja, el que leyere obtendrá sólo palabras (“en el final no hay clave”), aire y ruido, para guardar y replicar como una plegaria, para sí, porque un día habrán de cesar imperceptiblemente para el mundo. Y dondequiera que se vuelva la mirada. A veces para mejorar algo hay que copiarlo exactamente tal cual es (Pueden/ seguir los bombardeos. / Sigue tu corazón”).

 

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Babía y otros poemas

ISBN-978-987-4044-71-6

 

Por Diego L. García

Algo que destaca a la poesía de Pablo Seguí es su trabajo musical. Aprovecha encabalgamientos inusuales, apela a las rimas internas, ajusta la elección del léxico a la melodía buscada. El poeta confía en la semántica del sonido. Quiere ir por algo más que las palabras en tanto comunicabilidad. Y en esas calles embarradas por tanta lluvia y falta de mantenimiento —queriéndolo o no— ejerce su diferencia con otras escrituras contemporáneas, tal vez mayoritarias aunque también diversas. El sujeto de estos poemas se identifica con Quevedo (“Vos tan Houellebecq y yo tan Quevedo”), pero también con Pessoa, con Vilariño y con Eliot; es un sujeto que cree en los clásicos, que traza una línea hacia el centro de esos laberintos para ir y venir con los recursos necesarios.

El lector/la lectora será otra visita entre las que el libro encierra. Alguien que pase y comparta una experiencia, como quien se aproxima a la casa vieja y se reconoce en un relámpago. La casa de la Babía. El sitio donde el único espectáculo es la fugacidad.

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Lizard

ISBN-978-987-4044-59-4

 

Por Elisa Molina

 

Al leer ”Lizard y otros poemas”, creo percibir que Pablo Seguí da un salto. Quizás sea solo mi imaginación, pero puedo reconstruir mentalmente ese momento previo, tanto como algo del carácter del desplazamiento que se opera desde la experiencia al resultado poético de esa experiencia, cuya forma cristaliza en composiciones más o menos breves y concentradas. No estamos aquí frente al salto que quiere vencer una marca de altura o extensión. Se va hacia abajo, pero sin hacer piruetas ni mortales, porque la figura que importa no está en el aire sino más bien a cierta profundidad. En la sencillez está el gusto, la gracia del movimiento del poema. Hablo pues de tres cosas que aparecen ligadas en lo que leo: la vida que se vive, su formulación en otro registro y, en el medio, ese momento previo o de paso, como una especie de placer constructivo, de impulso.

Franz Marc compara al arte (él habla de la pintura) con lo que se refleja en los ojos de una gallareta cuando se sumerge en el agua: “Sabed amigos qué son los cuadros —concluye—: un emerger en otro lado”… La asociación quizás fue porque Marc habla de una prosaica ave silvestre de aguas poco profundas, de pequeños estanques; con seguridad, porque desde el principio percibí ese movimiento de ingresar en otro medio y salir de él, pero no en otro lado, sino más afincadamente aquí y ahora.

 

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Noción de ritmo

ISBN-978-987-4044-34-1

 

Por Gabriel Pantoja

 

¿Qué es Noción de ritmo? Luego de tener este texto entre mis manos, luego de haberlo leído y decir, casi inocentemente: ya el quinto o sexto libro publicado del poeta Pablo Seguí, me veo imposibilitado de hablar de este libro así, vale decir, hablar como si este libro se agotara en este libro; porque hacerlo de tal manera es como si redujese algo que da la impresión de venir de mucho antes de los tiempos y también de un futuro que lo excede, algo avizorándose a todas luces con peso de animal excepcional, y si lo reduzco, y me reduzco a hablar del libro agotándose en el libro, (me) traicionaría.

¿Qué es, entonces, Noción de ritmo? Ahora sí: no solo una reunión sólida y trabajada de poemas que se revela ahora bajo un nombre y una forma y dado cierto tiempo, sino una pieza que esclarece e ilumina anteriores piezas y las siguientes, y acaso también una pieza que enciende con su noción de ritmo una noción del universo.

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Animal de bien

ISBN-978-987-4044-27-3

 

Por Ricardo H. Herrera

 

Dos nombres aparecen en el interior de los poemas de este libro, dos nombres antípodas: Novalis y Giannuzzi. A primera vista, el encuentro fortuito de estas dos naturalezas tan opuestas y desiguales en las páginas de Seguí tiene las características de un perturbador experimento surreal. Sin embargo, ese encuentro no tiene nada de azaroso; guarda relación con una preocupación profunda del poeta, la conciencia de que su arte —tal como él lo ejercita— carece de función social. Novalis le abre a Seguí las puertas de la noche y del sueño; Giannuzzi, en cambio, destruye esa ilusión haciendo sangrar su conciencia con cuatro tiros mortales. Seguí —“un quieto” en la ciudad de los hombres— se debate entre ambos extremos, no puede renunciar a Novalis ni puede desoír a Giannuzzi; no puede comprometerse, no puede cambiar; siente que reincide “malamente / en un palabrerío / literario...”. ¿Qué podría decir Giannuzzi ante una máxima tan escueta y apodíctica como esta de Novalis: “En los verdaderos poemas no existe más unidad que la del sentimiento y del alma”? La diferencia entre tener una visión y darle un lugar en el poema a la violencia social que nos rodea, da la medida de las tensiones que sajan la poesía de Seguí en dos partes iguales. Su difícil posición me recuerda la de Kafka: “En la disputa entre tú y el mundo, secunda al mundo”.

 

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Otro verano y éste

ISBN-978-987-4044-14-3

 

Por Daniel Freidemberg

 

En Otro verano y éste encuentro algo que hace de su lectura una experiencia muy particular: el hallazgo de una manera de situarse ante el mundo, de algo así como un arte de vivir al que uno va accediendo como quien empieza a tocar tierra firme.

La de Pablo Seguí es una poesía de la extrañeza, y algo muy singular en ella es cómo consigue articular una escritura francamente artificiosa —que no oculta su carácter de artificio— con una apuesta a la comunicatividad, una voluntad de “decir algo”. Es que, aunque ahora esté interesado en “decir”, no por eso Seguí deja de pensar a la poesía como siempre la pensó: un poema es, sin excepción y antes que nada, construcción verbal, objeto estético hecho de palabras. El lenguaje no puede con la realidad, y por eso se dedica a ser la realidad del lenguaje, y es a esa segunda realidad que le toca dar cuenta de la primera y confirmarla, sacarla de la disolución en lo ya ocurrido, y no tiene modo de hacerlo si no es a través de su realidad como materia verbal, que existe por sí misma.

                                                                                                              

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Pablo Seguí
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